El aborto en el Antiguo Testamento
Probablemente no hubo un tiempo en el que se hablara tanto del aborto como en los últimos años.
Por su lado, la iglesia católica se ha siempre mantenido firme en su postura, aunque no se rehuse a participar en debates contemporaneos (como si el aborto debería ser permitido hasta cierto tiempo, o bajo ciertas circunstancias). Su posición se basa en que, conforme al sistema de valores cristiano, el respeto a la vida está por encima de cualquier otro principio.
Podemos usar la palabra “vida” porque desde la concepción se considera la existencia de un ser vivo, así como se lee en los Salmos:
Fuiste Tú quien creó mi conciencia; me formaste en el vientre de mi madre.
Te alabo, porque estoy hecho de forma asombrosa y maravillosa;
Tu trabajo es maravilloso, y lo sé muy bien.
Mi marco no te fue ocultado,
Cuando se me dio forma en un lugar oculto,
Entretejido en los recovecos de la tierra.
Tus ojos vieron mis miembros sin formar;
Todos fueron registrados en Tu libro;
A su debido tiempo se formaron,
Hasta el último de ellos.Salmo 139:13-16
Los amantes de la Biblia advierten en estas palabras una belleza edificante, sobre todo por ser un recordatorio de que Dios nos conoce desde mucho antes de nuestra concepción.
Pero es curioso…
En el Antiguo Testamento, en particular en las secciones legales de la Torá, la cuestión del aborto aparece muy raramente, y una de esas raras instancias es bastante misteriosa:
“Si lucharen hombres y golpearen a una mujer embarazada y ella aborta, mas no hubiere fatalidad, ciertamente será castigado según lo que calculare en contra suya el marido de la mujer, y lo pagará por orden de jueces. Pero si hubiere fatalidad, entonces harás pagar vida por vida”
Éxodo 21:22-25
¿De qué se está hablando aquí?
Lo primero que llama la atención es el contexto en el que se presenta el aborto: una riña entre dos personas, donde la mujer embarazada resulta herida. No es del todo claro por qué la Biblia nos da una situación tan específica. Pero de la precisión se pasa de inmediato a la vagueza.
El pasaje “si ella aborta mas no hubiere fatalidad” nos crea un interrogante: ¿no hubiere fatalidad con respecto a la criatura o no hubiere fatalidad con respecto a la madre? ¿O quizá se refiera a ambos?
Si reescribiéramos el texto clarificando que se refiere al niño, se leería así:
“Si lucharen hombres y golpearen a una mujer embarazada y ella aborta, mas no hubiere fatalidad con respecto al bebé, ciertamente será castigado según lo que calculare en contra suya el marido de la mujer, y lo pagará por orden de jueces. Pero si hubiere fatalidad, entonces harás pagar vida por vida”
Éxodo 21:22-25
De ser así, estaríamos frente a un pasaje que nos dice que si la mujer expulsa al niño pero este sobrevive, no aplicaría la pena de muerte, simplemente una multa que exigirá el marido de la mujer. Es decir que se le estaría atribuyendo valor suficiente a la vida del feto como para ameritar la muerte de quien causa el aborto.
Pero si en vez de tratarse del niño se tratase de la mujer, así leeríamos el texto:
“Si lucharen hombres y golpearen a una mujer embarazada y ella aborta, mas no hubiere fatalidad con respecto a la mujer, ciertamente será castigado según lo que calculare en contra suya el marido de la mujer, y lo pagará por orden de jueces. Pero si hubiere fatalidad, entonces harás pagar vida por vida”
Éxodo 21:22-25
Aquí estaríamos frente a algo más complejo.
Con “aborta” se daría por entendido que no se trata solo de la expulsión de la criatura ya sea con o sin vida, sino de aborto fatal como los consideramos hoy. Es decir, se entiende que el feto nace sin vida. Luego de eso, el texto nos diría que aunque haya este aborto, si la mujer no muere, el castigo no será pena de muerte.
En palabras más simples, sería la vida de la mujer la que contaría y no la del feto.
A partir del análisis literal del texto, no podemos concluir que se trate de lo uno o de lo otro.
Lo que sí debe ser mencionado es que la postura de los judíos ortodoxos, los estudiosos más serios del Antiguo Testamento, también contempla la inmoralidad del aborto. Desde hace milenios, los rabinos se detienen en estos específicos versículos, valoran ambas posibles explicaciones, pero en definitiva prefieren verlo bajo la luz del mandamiento de “No asesinarás” —la única conclusión verdaderamente coherente para quien quiera adoptar una visión bíblica y al mismo tiempo esté dispuesto a ver al feto como un ser humano in nuce.
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