El sustento económico

de los patriarcas

Los patriarcas eran hombres de negocios astutos y trabajadores incansables. Veamos algunos ejemplos…

Abraham, el padre de la fe, no solo era un hombre rico, sino que constantemente aumentaba su riqueza:

Ahora Abram estaba sumamente cargado de ganado, plata y oro.

Pero esta riqueza no le cayó del cielo. Abraham era un ganadero exitoso y un negociador hábil, como lo demuestra su trato con el rey de Sodoma (Génesis 14:21-24).

Isaac, el hijo de la promesa, también prosperó a través de su propio esfuerzo:

Sembró Isaac en esa tierra y cosechó en ese año cien veces más; así lo había bendecido el Señor. Se engrandeció el hombre y continuó engrandeciendo hasta que se volvió muy grande. Adquirió rebaños de ovejas y ganado vacuno y gran cantidad de emprendimientos ; y sintieron envidia de él los filisteos.

Pero quizás el ejemplo más atrayente es el de Jacob. El sacrificio más conocido en la vida del tercer patriarca consistió en trabajar catorce años para Labán por sus esposas, Lea y Raquel. Pero no se conformó con eso. Jacob negoció astutamente con su suegro para quedarse con una parte del rebaño:

"Separa de ahí a todo cordero moteado o manchado, a todo cordero marrón de entre los carneros y con manchas o motas de entre las cabras: ese será mi salario".

Acto seguido, Jacob utiliza un método para aumentar su porción del rebaño, colocando varas descortezadas frente a los animales mientras se apareaban. El resultado fue un aumento dramático en su riqueza:

El hombre se volvió extremadamente próspero y obtuvo rebaños muy fecundos, siervas y siervos, camellos y burros.

Aunque la bendición divina acompañaba a los patriarcas, esto no excluye el esfuerzo que cada uno realizó. De hecho, lo uno y lo otro parecen ir de la mano. Los patriarcas confiaban en Dios, y por eso mismo ponían manos a la obra. La fe en Dios se traducía, en la práctica, en fe en el futuro. Creían en la bondad y prosperidad del mundo, y eso les daba el optimismo necesario para trabajar e invertir a largo plazo. Así que en vez de esperabar pasivamente que la riqueza les cayera del cielo, trabajaban diligentemente, utilizando su inteligencia y habilidades para prosperar.

Ahora, el método que utilizó Jacob para aumentar su rebaño puede parecer extraño a nuestros ojos modernos. ¿Cómo funcionaba exactamente? ¿Era una simple superstición o había algo más profundo en juego?

Exploramos la respuesta a esta pregunta en el Secreto #63 de “Secretos Bíblicos: 127 trasfondos reveladores sobre las historias más célebres del Antiguo Testamento”. Allí develamos qué fue exactamente lo que Jacob hizo y cómo fue que funcionó.

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