¿Era realmente una manzana
la fruta prohibida?
Desde niños, muchos de nosotros hemos crecido con la imagen de Adán y Eva mordiendo una reluciente manzana roja en el Jardín del Edén. Esta escena, inmortalizada en innumerables obras de arte y relatos populares, se ha convertido en un símbolo universal de la tentación y la caída del hombre.
Pero, ¿qué dice realmente la Biblia sobre esta fruta?
Sorprendentemente, si buscamos la palabra “manzana” en el relato del Génesis, no la encontraremos. El texto bíblico es mucho más vago en su descripción:
Y Dios le ordenó al hombre diciendo: “De todo árbol del jardín puedes comer libremente; pero del árbol del Conocimiento del Bien y del Mal no deberás comer; pues el día que comas de él ciertamente morirás."
Génesis 2:16-17
Como vemos, la Biblia solo habla de un “árbol” y su fruto, sin especificar qué tipo de fruta era. Entonces, ¿de dónde surgió la idea de la manzana?
La respuesta nos lleva a un fascinante juego de palabras en latín. En la Vulgata, la traducción latina de la Biblia realizada por San Jerónimo en el siglo IV, la palabra utilizada para “mal” en la frase “árbol de la ciencia del bien y del mal” es “malum”. Curiosamente, “malum” en latín también puede significar “manzana”.
Esta coincidencia lingüística, sumada a la popularidad de la manzana en la cultura europea medieval, probablemente contribuyó a que se estableciera esta fruta como la protagonista del relato.
Pero si no era una manzana, ¿qué podría haber sido?
Algunos estudiosos judíos han sugerido que podría tratarse de un higo, basándose en que inmediatamente después de comer del fruto, Adán y Eva se cubren con hojas de higuera:
Entonces se abrieron los ojos de ambos y se percataron de que estaban desnudos; y cosieron hojas de higuera y se hicieron delantales.
Génesis 3:7
Otros han propuesto que podría ser una granada, un fruto muy común en el Medio Oriente y cargado de simbolismo en varias culturas antiguas.
Sin embargo, lo cierto es que la identidad específica de la fruta no es relevante para el mensaje central del relato. Lo importante es el acto de desobediencia y sus consecuencias, no el tipo de fruta en sí.
De hecho, la no especificación del fruto en el texto bíblico podría ser intencional. Al mantener la ambigüedad, el relato se centra en lo verdaderamente importante: la elección moral de Adán y Eva, y las implicaciones de esa elección para la humanidad.
Esta es solo una muestra de cómo una lectura atenta del texto original, junto con el conocimiento del contexto histórico y lingüístico, puede desafiar nuestras suposiciones más arraigadas sobre las historias bíblicas.
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