¿Por qué Dios no destruye los rascacielos de hoy
si son más altos que la torre de Babel?

La Torre de Babel es uno de los relatos de Génesis que más se conoce, pero… ¿qué tanto se comprende su significado?

Llega a ser entendible que después de una primera lectura de la Biblia (o de solo escuchar la historia contada por otra persona) más de uno se pregunte: “Por qué Dios no destruye los rascacielos de ahora como lo hizo con la Torre de Babel?”.

La primera impresión es que Dios “sabotea” un proyecto a simple vista inofensivo, y todo por miedo a que los hombres quisieran igualarse a Él, al atreverse a querer llegar a los cielos (“una torre con su cima en los cielos”).

Pero… ¿Tenía Dios tan poca autoestima?

Un poco osado afirmar eso de una entidad todopoderosa, omnipotente y omnisciente…

La respuesta va más allá de un capricho, y las mismas escrituras nos la da.

Cuando los hombres deciden comenzar con la edificación se dicen los unos a los otros:

“Vamos, edifiquemos una ciudad y una torre cuya cúspide llegue al cielo; y hagámonos un nombre, por si fuéremos esparcidos sobre la faz de toda la tierra.”

Hacerse un nombre para ellos mismos puede entenderse, como afirman algunos comentaristas, como querer “hacerlo únicamente para darse gloria a sí mismos porque no reconocen nada superior a ellos mismos para dar gloria.”

Adicional a esto, juzgando por sus mismas palabras —por si fuéremos esparcidos sobre la faz de toda la tierra— detrás de la construcción de la torre se esconde un temor: el de no poder quedarse toda la vida en un mismo lugar. En otras palabras, se rehusan a emprender aventuras por separado, hacia lo desconocido.

Esto significaba ir en contra de la primera orden dada a Adán y Eva como progenitores de la humanidad, cuando Dios los bendice y les dice:

“Sean fructíferos y multiplíquense; colmen la tierra y conquístenla”.

Y ahí es cuando interviene Dios:

Notando las intenciones de los hombres, entra en escena como el padre que no puede permitir que los hijos cometan un grave error. Motivado a no secundar los excesos de la naturaleza humana, y firme en que los hombres se dispersen y se multipliquen, Dios decide confundirlos haciéndoles hablar diferentes lenguas.

Muy inteligente jugada de parte de Dios, teniendo en cuenta que el idioma es por excelencia lo que nos identifica como un pueblo y lo que nos une a un pedazo de tierra. De hecho podríamos decir que antes de que Dios “saboteara” al hombre, era el hombre quien se estaba saboteando a sí mismo.

Por lo que, en conclusión, un rascacielos como los que conocemos hoy día no tendría mucho que ver con la Torre de Babel.

Pero esto no quiere decir que en la actualidad no tengamos nuestras torres de Babel. El problema principal es que, justamente por no tener forma de torre, casi nadie logra reconocerlas.

Precisamente de eso hablamos en el Secreto #35 de “Secretos Bíblicos: 127 trasfondos reveladores sobre las historias más célebres del Antiguo Testamento”, donde vamos más en profundidad sobre la verdadera razón por la que Dios no podía tolerar que los hombres construyeran la torre, y entenderás cómo reconocer a las Torres de Babel de hoy en día.

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Arcana Biblica presenta…

127

Secretos Bíblicos

sobre  las historias más celebres

del Antiguo Testamento