¿Por qué los personajes bíblicos mienten?
Egipto era conocido por ser una tierra próspera, avanzada y organizada. Pero también por su sociedad corrupta y falta de moralidad. El Antiguo Testamento nos da un primer ejemplo de esto cuando Abram y Sarai llegan a Egipto.
Cuando se presentaba un foráneo ante la corte del Faraón, lo primero que observaban era a la mujer a su lado. Si el Faraón deseaba tenerla en su corte, el esposo corría peligro de muerte.
Un poco antes de la llegada de Abram y Sarai, el futuro patriarca prevé que algo así ocurrirá con su llegada, así que le dice a su mujer:
“He aquí ahora conozco que eres mujer de hermoso aspecto; y cuando te vean los egipcios, dirán: Su mujer es, y me matarán a mí, y a ti te reservarán la vida. Ahora, pues, di que eres mi hermana, para que me vaya bien por causa tuya, y viva mi alma por causa de ti.”
Génesis 12:11-13
Y eso es justamente lo que termina ocurriendo.
Algunos estudiosos se preguntan por qué Abram, quien a este punto ya había emprendido una relación con Dios, no confía en que Él lo protegerá. ¿Por qué recurre a la mentira e incluso expone a su mujer a los apetitos del Faraón?
Lo primero que hay que tener en cuenta es que el de la Biblia no es un mundo épico o ideal. Abram, patriarca de patriarcas, no es presentado como un semidiós o un hombre perfecto. A lo largo del Antiguo Testamento nos encontramos con hombres y mujeres con defectos como cualquier ser humano.
Por eso, para entender por qué alguien como Abram mintió, cada uno de nosotros podría empezar con preguntarse: “¿y yo qué hubiera hecho en esa situación?”
Siguiendo esta línea de razonamiento, los sabios judíos comentan que Abram se encontraba frente a un dilema:
Por un lado podía decir que Sarai era su esposa y ser asesinado, dejando a su mujer desprotegida y a la merced de una sociedad inmoral, quizá condenada a vivir el resto de su vida en medio del abuso.
Por el otro lado, si Abram mentía, Sarai corría el peligro de ser entregada a los brazos del faraón y ser abusada, pero al menos ambos estarían con vida. En ese caso, Abram tendría la posibilidad de seguir cuidando de Sarai o eventualmente de rescatarla del todo. Por ejemplo, si el Faraón se aburría de ella y la echaba del palacio, Sarai tendría a Abram a su lado en vez de encontrarse completamente sola en la nada del desierto.
En la práctica, se trataba de escoger el mal menor.
¿O hubiera sido mejor no actuar en lo absoluto y entregarse enteramente a la fe?
Durante la Segunda Guerra Mundial muchas personas se encontraron en medio del mismo dilema, al tener que decidir si (1) salvar judíos arriesgando su propia vida o (2) salvaguardar su propia seguridad entregándolos a los nazis.
Hay varias historias conmovedoras de cristianos que eligieron la primera opción. Una de las más conocidas es la de Corrie ten Boom.
Corrie y su familia eran cristianos devotos que vivían en Haarlem, una ciudad en los Países Bajos. Durante la ocupación alemana, la familia usó su casa y su taller de relojería como escondite para judíos y otros perseguidos por los nazis. En 1944, la familia ten Boom fue traicionada y arrestada por la Gestapo. Corrie y su hermana Betsie fueron enviados al campo de concentración de Ravensbrück, donde Betsie murió. Corrie sobrevivió.
Aunque el ser humano, al igual que los animales, posea un fuerte instinto de supervivencia, lo que lo hace humano es que también tiene una conciencia. Los ten Boom prefirieron ejercerla, mintiendo por un bien superior.
Y aunque la historia de Génesis haya recompensado a Abram en vida (el Faraón le obsequia grandes riquezas al despedirlo del palacio), según la Biblia tomar ese curso de acción garantiza una recompensa no necesariamente en esta vida, sino en la vida que sigue.
En fin, para contestar si era mejor que Abram no hiciera nada y se entregara a la fe, es importante notar que fue sólo luego de que Abram tomara acción que Dios finalmente intervino, enviando una plaga sobre el Faraón, haciéndole así entender que estaba cometiendo un grave pecado.
Pero… ¿por qué Dios castiga al Faraón por tomar a Sarai si en realidad la culpa de todo el episodio era de Abram?
Eso es precisamente lo que exploramos en el Secreto #39 de “Secretos Bíblicos: 127 trasfondos reveladores sobre las historias más célebres del Antiguo Testamento”, donde entendemos por qué, desde el punto de vista de Dios, Abraham era completamente inocente y el único que merecía ser castigado era el faraón.
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